miércoles

DESAMORES QUE MATAN

En una invernal noche de amor
20 de Octubre 2004

El chancho, sala de ensayo en Barranco. Entramos al sótano, la cosa ya estaba prendida. Después de los ensayos nos fuimos a coordinar algunas ideas, eso es imposible con música y mujeres cerca, una excusa estúpida para ir a tomar.
Fernando se acerco a una mesa, conocía a las chicas que estaban ahí. Lo mejor que he conocido de él. Nos presento. Hola.... hola. Ella tenía un polo de Jim Morrison (cantante de The Doors, fallecido en 1971), se notaba que estaba un poco ebria. Me fascina los besos con sabor a vino tinto. Comenzamos a charlar, la música nos obligaba a conversar al oído, olía bastante bien, alcohol y marihuana. No dejaba de hablarme de Los Doors.- Mira yo también soy músico – le dije.- ¿Has escuchado la guitarra de Krieger (guitarrista de The Doors) en "The End"?- mira estamos grabando una canción...- ¿Has escuchado el teclado de Manzarek (tecladista de The Doors) en "Light My Fire"?.¡Carajo! ¿me esta escuchando?. No había forma de captar su atención, así que tomé otro vaso más de cerveza, lo tome rápido, siempre tomo rápido, eso perjudica mi salud pero más mi bolsillo. El alcohol apoyaba su brazo en mi hombro y nos mecíamos juntos.
Hice un último intento por captar su atención.- Yo he visitado la tumba de Jim.Volteo, me miró fijamente a los ojos.- Cuéntame.Y sentí nuevamente su olor, me pegue más a su oído.- ¿Cómo es? ¿Había mucha gente? ¿Cuánto tiempo estuviste hablándole a Jim? ¿Le dejaste algo?.Respondí a todas sus preguntas, un gran mentiroso, yo no tenia ni pasaporte. Que mierda no iba a desperdiciar esa oportunidad.- Si quieres de aquí vamos donde un amigo que es fanático de Los Doors, y tiene una manta con la cara de Jim. Asintió. Maneje rápido mi Hyundai, no tanto como tomaba. Tenia que apartarle constantemente la mano al alcohol quien quería tomar el volante. En estos tiempos ya no se toca el timbre. Se llama por celular. Llame. Alvaro abrió la puerta. Yo no estaba con las manos vacías, ella tenía una amiga. Para resumir vimos videos de Doors, tomamos, fumamos y amanecí con ella envueltos en la manta con la cara de Jim, prácticamente un trío. Gracias Jim................................
Roosevelt.

SILENCIO
Sábado 23 de diciembre. 10pm. No recuerdo que año.........

Entro al bar y me siento en la barra, me has citado y ambos sabemos para que. Sé que demoraras exactamente una hora mas de lo pactado, tienes ese defecto pero me ha sido fácil acostumbrarme a él. Las personas somos un manojo de estos.
Pediría normalmente una copa de vino, pero pido una cerveza, sólo, como yo. Estoy en el bar donde nunca hemos estado juntos, en donde te esperé una vez y nunca llegaste a la cita. Ya ha transcurrido poco más de una hora.
- ¿Esperas a alguien? – me pregunta el barman. El hombre cumple su función.
- Si, pero ella vendrá y estaré nuevamente solo – le digo eso para que no vuelva a preguntar. Pero seguro que había escuchado frases más estúpidas, así que no se inmuta.
- Solo, nadie debe estar solo - me dice con una sonrisa de pendejo y me da una tarjeta donde se lee “Alejandra: dama de compañía”.
- Gracias pero no lo necesito y no creo empezar esta noche.
- Piénsalo, te mereces un buen regalo de navidad.

Un perfecto profesional, no me queda mas que sonreír. Reverendos pendejos, que seria el mundo sin ellos.
Sigo esperándote, esta vez mas de lo normal. Hice una llamada telefónica, pedí una cerveza más. Pienso que tal vez sea mejor que no vengas, que te vayas de mi vida sin reproches. Pero llegaste, tocas mi hombro, seguro que te demoraste a propósito para ir acostumbrándome de a pocos a tu futura ausencia.
- Hola Roosevelt, disculpa la demora. Vamos a una mesa.

Me pides que me calle, y me es difícil hacerlo cuando miro tus ojos profundos, quiero tratar de buscar un argumento, una excusa para no dejarte ir tan fácilmente, pero pones tu índice delante de tus labios, ¡Ssshhh...!.
Karmen fuiste para mí como una bella enfermera y debo de callar porque aquí, en este tumulto de gente el único paciente soy yo. Me siento enfermo, quiero que me cuides, que me inyectes ternura, que cures las resacas de tantos tragos amargos que bebí, pero callo para escucharte aun sabiendo lo que dirás. Y empiezas con el manual del adiós, las frases usuales, las frases de siempre. Todos las hemos escuchado mas de una vez. Pareciera que aun te preocupas por mí cuando te detienes para preguntarme.-
¿Cuantos vasos has tomado?.
- Un promedio de un vaso cada 15 minutos desde que estoy aquí esperándote.
- Esa es una las cosas que me molestan de ti, siempre tengo yo que tener la culpa.
- No es eso...Y me callas nuevamente con tu ¡Ssshhh...!.
No vuelvas a hacer eso quiero decirte, cuando lo haces te ves mas bella y te deseo aun más y puedo arruinar tu adiós, me siento nuevamente un paciente, me enloqueces y quiero que tus abrazos sean mi camisa de fuerza, pero yo también soy consciente que te debo dejar ir. Guardo silencio.
- No deberías tomar mas por esta noche – me dices con tu imagen de enfermera.
Miro al barman que parece estar tratando de escuchar nuestra conversación, cosa que pienso es imposible. Le hago un gesto para que me traiga una cerveza más. Coloca el vaso de chopp en la mesa y lanzas tu sentencia final. No hay mas que decir. Te vas y el silencio que me pediste guardar se apodera de mí. Pongo mi mano en mi pecho como un estetoscopio, los latidos de mi corazón repican en ella, señal de que aun estoy vivo, los sonidos comienzan a aparecer y pronto la bulla del bar inunda mis oídos. Tu ¡Ssshhh...! aparece en mi mente y nuevamente todo queda en silencio. Supongo que esto se repetirá hasta que borre tu imagen de mi memoria, será difícil pero lo lograré.
Voy hacia la barra. Apenas me siento el barman me hace una seña para que vea la mujer que entra al bar, lleva una minifalda roja y una blusa verde ceñida. Me paro y voy a saludar a Alejandra. Es navidad y no merezco estar solo.
Vale más una noche buena que mil navidades.
Roosevelt.

LA CHICA
10 de Julio del 2006

Nada era fácil; la improvisación perfecta, que yo había planeado dos meses y diez días antes (que era exactamente el tiempo transcurrido desde la primera vez que la vi), constaba de tres opciones y veinte borradores.
Primera improvisación:- Hola, ¿esta entrada para el cine es tuya?- No – ella diría.- Pero, podría ser tuya.
Segunda improvisión- Hola, ¿Conoces a un tal Roosevelt?- No – ella diría- Soy yo.
Tercera improvisación:- Hola, ¿Te conozco de algún lado? o ¿Tú no eres...?
Todas las improvisaciones deben terminar con una sonrisa de ella, un hola yo soy... (no sé su nombre); luego saldríamos a tomar algo, yo le diría lo mucho que me gusta, lo mucho que he pensado en ella, me diría que le había sucedió lo mismo, terminaríamos besándonos y riendo como locos.
Claro que la primera improvisación debe de ser en el día del espectador, cuando con un boleto de cine entran dos personas, para no desperdiciar una entrada, si es que me manda a la mierda. Pero yo lo he planeado todo sin temor al fracaso, cosa que en este momento me resultaba obvio, pues al analizar cada improvisación, éstas me parecen realmente estúpidas.Pasar frente a la tienda era mi ruta obligada para ir a comprar, para llamar por teléfono, para ir al paradero y para todo lo que tuviese que hacer, aunque me desviara más de tres cuadras para esto. Pasaba apurado, otras erguido tomando aires de importante, pero pocas veces con suficiente valor para desviar la mirada hacia la tienda y observar si ella se encontraba allí, en esa tienda que me resultaba inaccesible, quizá porque todo lo asociaba a ella.Ella trabaja en el turno de la tarde, vendiendo ropa de verano para damas, en la tienda de Larco. Sale a la puerta de la tienda y se para con las manos en la cintura, como una domadora que observa a todas las bestias rugiendo; le dicen lo buena que está, tratando de enamorarla, frases mezcladas con el ruido infernal de las bocinas, con los gritos de los cuidadores de carros que te avisan de un sitio vacío para estacionar, con las voces de las fieras humanas. Y se mantiene impávida con la certeza de que nada la puede dañar, con esa mirada y ese cuerpo que más de una vez me quitaron el sueño; ella es hermosa, su pelo negro y todo, absolutamente todo, lo tiene en el sitio y en el tamaño exacto. Nunca he intentado ponerle un nombre, ella para mí es la chica Larco, monumento nacional de Miraflores; los guías turísticos deberían incluirla en sus tours porque estoy seguro que es lo mejor que he visto en esta porquería.................
He decidido hacerlo, en todo este tiempo no he dejado de pensar en ella, ha pasado una semana más de planes y de improvisaciones. Me siento en el bar del torito, acomodo mi manuscrito al costado del platito de canchita y pido una Pilsen litro cien; mientras observo las sombras que se forman en el techo, debido a la iluminación de las lámparas que imitan antorchas, esas sombras que se retuercen como cuerpos desnudos amándose, despidiendo vapor con olor a tabaco; miro constantemente el reloj, esperando la hora exacta en que debo de acercarme a ella, con el cuento que le escribí; ya van dos horas, tres botellas vacías y nada de valor, (me repito: una más y voy), la última la tomo lo más rápido posible, siento que mi respiración se calma, que adquiere la lucidez y la seguridad de la embriaguez, le hago una seña al toro para que lo apunte en mi cuenta, cruzo la calle con mi cuento bajo el brazo, pensando en todo lo que debo decir, y si me olvido de algo... qué importa.
Entro en la tienda, una rubia me ve con cara de sorpresa.
- ¿Qué deseas? Me pregunta- Vengo por ella, vengo por la chica Larco.
- No sé a quien buscas pero la única que trabaja aquí soy yo, y si vienes por la chica anterior, búscala en su casa porque yo no sé quién será y por favor retírate porque estoy cerrando.
Retrocedí unos cuantos pasos hasta quedar fuera y poder ver desde la vereda lo único que supe de ella, un cartel de publicidad.
Y mi cuento formó parte de la basura de Miraflores.
Roosevelt.

NO BAILO
11 de Abril del 2005

Si tomamos la parte más aguda de esta historia, podremos ensartar varios corazones.
Soy ese tipo de hombres considerado por ese tipo de mujeres como aburrido. Disfruto más de una buena conversación acompañada con un buen trago de preferencia un Cuba Libre, que sudar en una discoteca a 1,000 decibeles en los que los gestos son el único medio de comunicación.
Este mundo es el de ella, goza del beneficio de poder expresar todo a través de su cuerpo. Sentado en la barra de la discoteca, la veo moverse en la pista de baile, no quiero entorpecer el magnífico espectáculo. Esa clase de mujer para contemplar en ella, eternamente, la sensualidad de sus movimientos. Desprende una energía interminable.La única forma en que soporto una discoteca es estando ebrio, pero he decidido no beber ningún tipo de licor por un buen tiempo, quiero demostrar que no dependo de nada ni de nadie, quiero demostrar que no soy lo que mis amigos me dicen: alcohólico. Y esta noche estoy orgulloso de lograrlo, lo que no puedo superar es ese fastidio ocasionado por la falta de un cruce inteligente de palabras.
Pense que el invitarla otro día a beber en un bar de Barranco y charlar, causaría en ella esa sensación de aburrimiento que yo tengo ahora. Como que ninguno comparte el mundo del otro. Ella regresa de la pista, jala una silla, se sienta a mi lado, junto a la barra, me peina los cabellos que caen sobre mis ojos y bebe de mi vaso.
- ¿Qué haces tomando agua? – me sonrie.
- No quiero que el alcohol perturbe la percepción de tu belleza.
- Dices cada cosa tan rara – me demuestra ella.
Se levanta para regresar a la pista, la tomo de la cintura y trato de besarla. Esquiva el beso, me hace un gesto de sorpresa, un gesto de: estás equivocado.
- Me declaro culpable de enloquecer ante la cercanía de tu cuerpo, ante esa excitante energía que eriza mi piel cada vez que tu cuerpo roza casualmente con el mío. Pido perdón, le extiendo la mano, ella acepta. Luego suena otra canción, creo que la misma de toda la noche, todas para mi suenan igual; ella se desvanece entre la gente.
Giro mi banca hacia la barra y llamo de mi celular un taxi. Me escucha apenas, cuando llega salimos hacia el hotel mas cercano.
Esta vez para que baile solo para mi.
Roosevelt

LUCIA
14 de Febrero del 2004

Por primera vez mi borrachera tiene nombre, Lucia.
No ha sido por despecho, ha sido por amor. Soy un hombre nuevo, ella lo ha logrado.
No puedo dejar de ver su foto en ropa de baño, saliendo del mar del Callao. Tengo unas ganas incontrolables de morder suavemente sus muslos. No tengo que ser tan bestia, eso no se lo puedo decir. Es la mujer perfecta. No me mal interpreten, no es solo por su físico, es también inteligente, yo diría que demasiado. Es la única que se ha interesado realmente por lo que hago, ha descifrado los enigmas de mis cuentos, me ha ayudado a salir de los laberintos de mi corazón.
La semana pasada estuve enfermo, tirado en mi cama, con fiebre, sudando, tenia infeccion al estomago. Ese es el tiempo que me he auto impuesto, debía hacerlo sin tomar medicamentos. He sobrevivido. Los días que estuve en cama estuve pensando en Lucia. Recuerdo que le comenté que si alguna vez pasásemos un fin de semana juntos yo me emborracharía como Nicolas Cage en Leavin Las Vegas, y que moriría en sus brazos. Seria así, pero yo no te dejaría morir
– respondió ella.
Esa frase ha hecho que me obsesione aun más en ella; me quiere tal como soy. Pero sé que en realidad no es tan cierto, a nadie le gusta tener un borracho al lado. Así que voy a cambiar. Quiero estar sobrio, no la quiero decepcionar. Ayer tome por ultima vez, empecé con Ron, luego con vodka, luego me trajeron una copa de vino, ese licor siempre me ha parecido de maricas, pero lo tome porque ella me contó que le gusta, y me ha gustado, es suave, sus burbujas explotan junto con mis ideas.
Me he vuelto un cabron sentimental, no puedo escribir nada decente, lo ultimo que he hecho destila su licor, transpira su perfume. Vuelvo a leer mis poemas, no hay duda son basura. Tiene que ser amor. He cerrado el capitulo de El Desamor. Ahora me alimento del amor que ella me da, quiero que todo se quede dentro de mí, pero por mas que lo intento este sale de mí a borbotones, lo quiero compartir, hasta le cargaría las flechas a Cupido.
Dejare de escribir hasta que aprenda a albergar tanta esperanza. Ahora que me he levantado, sentí la resaca, nunca tomo pastillas, pero el amor me ha vuelto débil, así que he tomado 5 pastillas para la migraña.
Me baño, me miro al espejo, estiro los brazos, he bajado como 4kg con la enfermedad, mi cabello esta largo, me siento un Jim Morrison perucho. No he hecho nada de ejercicio, no he corrido, nada de pesas, no quiero que algo en mi aspecto le resulte agresivo, ahora quiero ser delgado como un ángel, y que ella me proteja.
Recibo una llamada de ella. Debe ser algo hermoso, es el Día de San Valentín. La oigo con emoción, pero ella me dice que se alejara por un tiempo, que esto se ha salido de control, que me quiere como siempre lo sintio y que terminemos algo que nunca comenzó. Me ha mandado a la mierda pero poéticamente, solo como ella lo puede hacer. Colgo el telefono.
Me paro, siento nauseas, deben ser las pastillas, no estoy acostumbrado a ellas. Corro al baño, me arrodillo frente al inodoro, vomito un poco sobre la tapa, en la segunda arcada la logro levantar, expulso algo de comida y todo el licor, el vino fue lo ultimo que bebí, así que siento nuevamente su sabor, ahora no me gusta, miro mi vomito y grandes gotas de sangre caen sobre él, con la presión se me ha reventado una vena de la cara. Vomito una vez más. Mis ojos están llenos de lagrimas, siempre me pasa eso cuando vomito. Miro nuevamente el fondo del inodoro, es como un Oráculo. Todo mi amor esta ahí. Es licor, es sangre, es lagrimas, es mierda. Jalo la cadena. Me enjuago la cara, la boca.
La desesperanza reina nuevamente en mí. Voy al escritorio de mi cuarto, tomo un buen trago de Ron y comienzo a escribir.
Hasta hoy te espero.
Roosevelt

UNIVERSO I
2 de Enero del 2007

En otro universo, paralelo al nuestro, hay una gran habitación. Oscura. Llena de objetos. En su mayoría oxidados. Cubiertos por telarañas y polvo. Artefactos, medicinas, obras de arte…
Cosas que nunca existieron en la tierra. Creaciones que nunca germinaron de la mente de sus genios.Porque no tuvieron la fuerza de plasmarla. Porque la vida no los dejó. El libro de aquel soldado-artista que no sobrevivió a la segunda guerra mundial. Millones de cosas… Infinitas.

Fetos; en envases de cristal. Aquellos que tampoco existieron. Aterrador. Pero lo que más impacta es el piso: Mis pisadas crujían. Pensé que me paraba sobre hojas secas de otoño. No entendía qué hacían allí. Pero luego me di cuenta que eran hojas de papel ¿libros? ¿Novelas? Empecé a revisar. Tenía tiempo. Aquí éste no avanzaba. Revisé, revisé: millones de papeles secos, gastados. Con uno o varios nombres y lugares, y una fecha. Aun sin entender. Hasta que, quedando de piedra, vi otros cientos de papeles con distintas fechas, pero el mismo nombre: el mío.
Leí aquello legible aun. Sucesos propios. Desenlaces hermosos. A partir de mi infancia, de mi adolescencia. De hoy mismo. Entonces entendí que todo aquello era lo que nuestra vida pudo ser pero no fue. Además cómo hubiese cambiado la vida de los demás conforme a la mía. O viceversa. De todos los relatos, el más sublime: Al lado de una mujer. Pero al terminar de leerlo, cuando quise conocer su nombre, el papel estaba demasiado roído y sólo distinguía un nombre:: Ericka.........Y la hoja se deshizo.
Recuerdos de mi habitacion.
Roosevelt.

1 comentario:

baby dijo...

TU NO CAMBIAS NO NENE........

LLAMAME O ESCRIBE.
BABY

GAEL Y LA HISTORIA QUE TOMO OTRO RUMBO

GAEL: Mientras duermes, viéndote descansar, desde cierta distancia, pienso en ti. Cuando la noche llega y el cansancio parece ganar la ba...